lunes, 25 de octubre de 2010

Indignación

La muerte de Teresa
 
Por David Cilia Olmos
En 20 días más Teresa cumpliría 32 años, en marzo próximo estaría dando a luz,  por esas fechas también su hijo Efraín estará cumpliendo dos años. Ya no lo celebrará. Ahora está rodeada de hermosas flores, ayer la despedimos, se fue con su vestido tradicional, con la nueva hamaca que nunca alcanzó a estrenar, con sus trastos de plástico y un gallo para que la acompañe en su camino.
Se fue con un mensaje escrito en la mano, antes de irse sus ancianos padres le orientaron sobre su camino y le dijeron en Triqui: recuerda allá, donde te escuchen, los nombres de los que te quitaron la vida, y los repitieron uno por uno. No hay coraje, hay dolor y más que nada, la preocupación para que no se olvide el mensaje.
Antes de irse Orlando, el hijo la madre de Teresa, y su abuela,  lavaron con alcohol sus manos y la planta de los pies para que llegue limpia a donde va. Orlando no llora,  a sus 9 años entiende perfectamente que de nada le sirve llorar, las demás mujeres tampoco lloran, han estado presentes durante horas de pie, aquí no hay ni una silla donde sentarse, ni un banco y ni un tabique.
Teresa no fue velada en su casa, “¿Qué casa iba a tener si era desplazada?” me contesta un indígena Triqui. En la casa más cercana a la escuela, sobre unos cuantos blocks de concreto se colocó su ataúd, entre las sábanas solo se alcanza a observar su cabello negro ensortijado.
Teresa había resistido los más de 300 días que duró el cerco militar en contra de la localidad de San Juan Copala, los últimos días del asedio ya no había comida y solo bebía agua de lluvia, cuando llovía, pues ya era imposible salir de las casas.
Pero finalmente el sitio en contra de Copala terminó con la toma militar del poblado. Primero la policía estatal tomo el Palacio Municipal Autónomo con el pretexto de la muerte del jefe paramilitar de UBISORT en la Sabana. La comunidad sitiada había sido tocada en su corazón. La policía estatal dejó el Palacio Municipal Autónomo, pero nuevamente las mujeres volvieron a salir a las calles de su comunidad y lo retomaron. No fue fácil, ahí murió una persona y hubo muchos heridos de bala.
Entre el 11 y el 19 de septiembre se dio la batalla por Copala, seis días le tomo a 400 paramilitares tomar el poblado casa por casa. La gente pasó los últimos días en sus casas con un estoicismo que se guardará en las páginas de la historia de este país, durante 3 o 4 días no tuvieron nada que comer y nada que beber. Teresa salió de su casa, con sus hijos el 14 de septiembre, durante la madrugada, en la oscuridad y dado lo abrupto del terreno calló en una barranca profunda y rodó arrastrando a algunos de sus hijos. Como pudo siguió su camino y finalmente logró pasar entre lo más difícil de la selva y barrancas el cerco de los paramilitares. Su esposo Jordán se quedó a intentar proteger el poblado y ayudar al escape de los demás habitantes, la mayoría de ellos de la tercera edad.
Cuando finalmente Jordán logró romper el cerco militar y escapar se reunió con ella en Yosuyuxi y enfrentaron su nueva situación, durante más de 10 meses ni Jordán ni Teresa habían tenido alguna fuente de ingresos económicos, pues primero no podían salir del poblado y luego ni de sus casas, ahora el joven matrimonio tenía que ver como alimentar a sus 6 hijos, que en 5 meses serían 7.
Teresa vivía escondida en la casa de su mamá. Ni ella ni sus hijos podían salir y ni siquiera asomarse a la puerta o a las ventanas, la casa de su madre estaba visible y peligrosamente a la orilla de la carretera. Ahí solo podía tejer diadema indígena, artesanías, para tener algún ingreso, pero ella no podía salir a venderlas, pues su vida corría peligro.
Una semana antes de su muerte Teresa y Jordán recibieron en esa casa a Matilde Pérez, de La Jornada, a Zósimo Camacho y David Cilia García, reporteros de la revista Contralínea, al corresponsal de Proceso en Oaxaca, a la reportera Frida Guerrera y a Reyna Martínez vocera del Municipio Autónomo en el estado de Oaxaca.
Reyna tomó las manos de Teresa en sus propias manos y le dijo mirándola a los ojos:
--Vámonos para Oaxaca, al plantón…
--No puedo Reyna –contestó Teresa—tengo muchos hijos y pueden dar mucha lata.
Reyna insistió, pero Teresa mantuvo su negativa, quería estar con su esposo y sus hijos juntos y eso sólo lo podía lograr estando en Yosuyuxi.
Ahora Teresa está muerta. Hasta esta localidad de la región Triqui Baja que reúne la mayor cantidad de desplazados de San Juan Copala llegaron los sicarios para ejecutarla.
Ahora mismo nos muestran la ropa que tenía puesta Teresa durante la emboscada. El largo cinturón indígena tejido a mano muestra las perforaciones de los tiros que la abatieron por la espalda, nos muestran el sostén tinto de sangre, el fondo, y el huipil de pos si rojo, con el orificio de la bala calibre 7.62. Pero no es la única sangre, en la camioneta en la que viajaba se nota la saña, el uso de diversos calibres, el miedo de los que con impunidad disparan que una vez apretado el gatillo no dejaron de disparar hasta que sobre la carretera dieron el tiro de gracia a Jordán, el esposo de Teresa.
Rodeada de flores, en manojos que nunca abandona una anciana Triqui, la madre de Teresa reflexiona o pregunta en un español bastante claro para quien lo quiera entender: “no sé porque le hacen así, ella no es hombre, nomás mujer, ella nomás estaba aquí, en su casa”.
Su pregunta me da claridad acerca de que los paramilitares que se están apoderando de México están mandando un mensaje de “equidad” en la muerte que distribuyen, los mínimos códigos de comportamiento en la guerra,  para ellos son basura, lo que el jefe ordene, eso se hace. Los paramilitares que siguen masacrando al pueblo Triqui de Copala tienen los mismos códigos éticos que sus jefes Toño Pájaro, Heriberto Pazos, Ulises Ruiz, o sea, no tienen madre.
Pero yo me pregunto: ¿Dónde están las y los activistas que defienden los derechos de la mujer en México? ¿Andan en algún congreso internacional? ¿Teresa no era mujer? ¿Acompañaba demasiado a su marido como para que merezca ser defendida?
¿Dónde están los que defienden a los niños de la violencia? ¿Los hijos de Teresa no son víctimas de la violencia? ¿Necesitaban ser lastimados verbalmente y no con balas para que alguien les haga caso?
¿Dónde están los que defienden los derechos de los pueblos indios? ¿Teresa no era Triqui? ¿Los Triquis no son un pueblo indígena?
¿Dónde están los que defienden el derecho a la salud? Alexandra, la hija de 3 años de Teresa tiene una esquirla o cristal en la cabeza que no pudimos retirar, Frida Guerrera y yo, con agua hervida y sal y unas tijeras de kínder que es lo único que había al alcance para atenderla donde está. ¿Qué el doctor? ¿Qué el Centro de Salud? ¿De qué me están hablando?
Frida Guerrera, la primera y única reportera que ha entrado a Yosoyuxi luego de la masacre -- hasta la fecha--, se queda con una profunda sensación de impotencia. Nosotros no pudimos ¿Entonces quién la va a curar? El Estado mexicano gasta exactamente pinchemil millones de pesos en salud. Ni un centavo se invertirá en curar a Alexandra, se los puedo asegurar. Pero repito ¿Dónde están los activistas que se rifan el pellejo en éste país para atender el derecho a la salud que el Estado y el sistema se niega a atender? ¿Es demasiada chica su herida? ¿De cualquier forma de algo va a morir o la van a matar a balazos?
¿Dónde están los que defienden a los desplazados, a los perseguidos, a los refugiados, a los damnificados en otras partes del mundo? ¿Acaso solo lo son si lo dice Televisa? ¿Solo al lado de un artista famoso los Triquis pueden tener el estatus de desplazados, de refugiados, de damnificados?
¿Dónde están esos hombres y mujeres viriles, güevudos --como dicen los misteriosos desaparecedores--, que pueblan la política nacional, la “izquierda” y los movimientos sociales con discursos encendidos sobre la justicia y los derechos? ¿Matar mujeres, disparar contra niños de uno a 3 años, rematar a los heridos no es una injusticia?
¿Dónde están los que defienden la autonomía, la libertad, la democracia? ¿El pueblo Triqui  no tiene el derecho a organizarse, expresarse como le dé su gana?
Podría seguir preguntando pero no sé si como desde hace 10 meses, 10 años, o 5 siglos estás preguntas en realidad no tengan respuestas o no merezca yo conocerlas.
Lo que sí sé es donde está el asesino de Teresa, Antonio Cruz, alias el Pájaro. Está estacionado en su carro focus rojo, con las luces ostensibemente encendidas, sobre una terracería que entronca con la carretera por la que vamos pasando rumbo a Tlaxiaco para mandar esta información.
Zona Triqui baja, lunes 18 de octubre de 2010.
David Cilia Olmos

lunes, 27 de septiembre de 2010

Antología latinoamericana

Cuento: "Texto en rebeldía"

Sobre el plagio

La palabra plagiar viene del latín plagiare, cuya primera acepción es: Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre, o utilizar un siervo ajeno como si fuera propio. 2. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. 3. Apoderarse de una persona para obtener rescate por su libertad.

Así tenemos variaciones de una misma palabra, cuyos significados pueden ser utilizados de distintas maneras y en diversos contextos, aunque también en esta diversidad encontremos límites, pues un gato al ladrar será un felino extraordinario, y no un plagio, pero si un perico maulla, únicamente nos parecerá un pájaro alegre o “muy cotorro”.

Quizá este ensayo sea un plagio de mi mismo o me he apoderado de un mal sueño olvidado por otro, lo seguro es que siendo un hombre libre me retiene en servidumbre.

La evolución del hombre sólo es posible plagiando a su sucesor, entendiendo plagio como el acto de apropiarse de sus ideas y más por azares que por certezas mejorarlas, siempre en función de cubrir una necesidad. Si se analiza la cuestión bajo esta perspectiva la literatura es un plagio descarado, del que de vez en vez, una frase, mas por equívoco que por acierto, logra insertar en el imaginario popular una nueva forma de narrar, de decir las cosas, de aludir a.

Copiar las técnicas narrativas, acto por demás común y deliberado, cuyas definiciones abarcan un espectro amplio como postres en una repostería, sería a la vez un plagio. También se argumenta que plagio es aquello que se toma sustancialmente. ¿Qué sería entonces armar un rompecabezas o incluso el acto mismo de defecar?

Así tenemos variaciones de una historia, los mismos actores con distintos disfraces: aquél escribe “zapatones”, el otro “zapatitos”, el da mas allá “zapato” más adjetivo, para calzar el mismo pie pero sin ser demandado. El rango de creatividad es limitado por el pie en cuestión. Pero el pie no tiene la culpa, la creación literaria es un leggo que se construye en soledad, con modelos impresos en los libreros, las piezas están dentro de los diccionarios, el departamento de patentes es propiedad de la Suprema Real Academia de la Lengua, los dictaminadores sostienen el cetro de tinta en su mano, como símbolo de su autoridad, pasean la lengua húmeda por la superficie de sus labios, celosos guardianes de la Ley gramatical, alistan el corrector adecuado que alterna con la estilográfica de riguroso color rojo o amarillo chillón para subrayar lo anormal, aquello que dista de la norma, el detector que sólo acepta la media, la mediocridad, señalando, haciendo notas para después juzgar, y como en todo juicio, uno espera ansioso para conocer el veredicto, a menos que uno sea conocido de, amigo de, sobrino de, hijo de... Entonces el proceso se acelera y funciona a la inversa, la patente se registra de inmediato mientras se analiza si es un plagio.

Cuando se está a la moda, uno se convierte en remedo de otro. Se viste uno con la ropa que está a punto de pasar, así se sale de la temporada primavera para entrar en la temporada verano, pero es más barato comprar trajes de baño y lentes de sol en invierno. También en la literatura hay moda, a veces los del norte, a veces los del sur, los de Tepito, los de... según los vientos de los cargos públicos. A veces llegan a durar más de un sexenio. Así como todo político, los susodichos tienen sus parientes, sus amigos, sus contemporáneos, sus mecenas, sacerdotes y mendigos y por supuesto hay que tener una “capillita” para confesar los pecados, pagar el diezmo reglamentario y salir purificado. En tan sacro lugar se hacen bautizos, bodas, nacimientos de novelas, cuentos, ensayos, presentaciones de revistas como si salieran de una fotocopiadora pero con distintos títulos y autor. Y a veces, aunque los domingos caigan entre semana, hay algún enfrentamiento parecido al deporte de las patadas pero sin balón (quizá con metabolas), con miembros de otras capillitas, cada quien velando por sus intereses y adorando a sus muertos vivientes. De vez en cuando se sangran un poco la nariz acusándose de plagio.

Pero el asunto no es nuevo, el clavado en la cruz es la copia de muchos otros crucificados, Juana de Arco la copia de tantas mujeres quemadas vivas en la hoguera con leña verde, el diluvio universal del Antiguo Testamento es la copia de unas tablillas más antiguas en el poema de Gilgamesh, también los llamados escritores de la onda copian a los “beats” en su literatura y en sus “viajes”, los mexicanos menos ácidos le hacen a la yerba, los surrealistas a... ¿Cuál es la frontera, si la hay, entre la copia y el plagio? Tal vez la pregunta este mal formulada y por ello complica la respuesta, si es que la hay, la mayoría de las veces no es la chapa la que no funciona sino que nos equivocamos de llave.

Una habitación se puede describir de muchas maneras, dirán los doctos en descripciones y es verdad hasta cierto punto, pues depende de las expresiones del observador. Tal vez sea aquí donde se encuentre esta frontera, ese espacio parecido a una extensión de tierra en disputa, pero en ese caso plagiarios son los niños que descubren el truco del mago al mismo tiempo y expresan lo que ven con sus palabras de cuatro añitos. Sigamos dentro de la habitación, donde un grupo de hombres habituados a usar cierto número de palabras, por lo regular las mismas para describir un tamal y a un camello, con un trabajo semejante y una comunidad similar. Encontramos que tienen las mismas ideas, son copias al carbón, sus descripciones son casi idénticas, tal vez a causa de esto cada generación tiene sus demonios y sus dioses comunes. Si escribieran sus descripciones serían presuntos plagiarios y la PFP ya estaría percatándose de un 56 20 en la zona 32 donde seguro se balearían uno al otro, aprovechando la confusión, para luego ser presentados ante los medios donde esta madrugada se inicio un tiroteo entre...

Un grupo disímil hará una descripción más rica, la tamalera se fijará en la textura de las paredes parecida a la masa, el poeta en las musas que se forman en el tirol del techo y le desgarran las entrañas, el artista contemporáneo en los elementos que encierra ese concepto, siempre presto a realizar una intervención y ganar una beca para proponer una instalación, el pintor en el color y la luminosidad, etc. Cada uno observa lo que es de su interés, pero si la pared es morada, sería extraño que alguno la describiera como azul o amarilla, a menos que sea daltónico y si a este grupo se le da una descripción previa del lugar buscarán el detalle, creando la ilusión de hacer un nuevo cuartito en la casa familiar. ¿Acaso sería posible la descripción del lugar sin saber que es una habitación? Creo que sí, tal vez dirían: es un sitio cuadrado, de color tal, etc. Pero eso es plagio, espetarían los doctos a la menor provocación. Pero ¿se puede nombrar la palabra barco si nunca se ha escuchado ni se asocia la palabra a una embarcación de transporte marítimo? Por lo regular los niños pequeños le llaman run run a los cochecitos y tu tuuu a los trenecitos.

Entonces ¿Qué es plagio? En la música omitir un acorde ya no es plagio, tocar los mismos acordes más rápidos o más lentos son variaciones, cambiar un par de palabras ya no es plagio, entonces el asunto ya no se trata de defender las creaciones, sino de mera astucia, algo parecido a lo que hacen los empresarios cotidianamente al cobrarle a la Secretaría de Hacienda la devolución de sus impuestos sin haber pagado un centavo, semejantes a los asesinos vestidos de olivo, marrón o azul enarbolando la bandera de la libertad, la seguridad y la justicia. Esto nos lleva a los tribunales de nuevo en espera de algún dictamen, evitando tener contacto visual con los guardianes del orden.

En su mayoría, hoy en día las universidades son técnicas, quitándole al patrón la responsabilidad de capacitar a sus obreros independientemente del puesto, entendiendo por patrón a aquel individuo o grupo que tiene los medios de producción, y deja en manos de las universidades esa responsabilidad: ahora es lo mismo pero más barato. El uso común de la palabra plagio en cuanto a la segunda acepción (copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias) tiene que ver precisamente con el mundo editorial, por editorial entiéndase aquél o aquellos que publican en beneficio del autor, aunque en realidad quien gana es la casa editorial, la productora de música, rara vez el artista, escritor, compositor, las casas editoriales prefieren esperar cincuenta o setenta y cinco años para reeditar las obras sin pagar un centavo por concepto de regalías. En ese negocio gana más quien carga un libro o lo mueve del anaquel de exhibición que quien lo escribe. Y así como los gobiernos hacen las leyes para defender sus privilegios y maquillar sus hurtos, su ineficiencia y justifican su razón de ser, también el mundo editorial crea nuevos libros con plagios de los antiguos.

Habría que advertirles a los niños que copian o transcriben lo que dice una monografía que son plagiarios; a los maestros que copian de los libros los planes de estudio, que cometen un delito; a las universidades que copian cursos de otras instituciones, que están delinquiendo. Pero la realidad nos dice que no, que estos no son plagios, al menos yo no he escuchado de una demanda contra un niño de cuarto grado por copiar una monografía, ni siquiera por llevar el trabajo de su hermano mayor que tuvo a la misma maestra dos años antes. Hay maestros que incluso se conforman con que el niño la transcriba y le ponga colorcitos alrededor, es decir, que le de una ornamenta, pero será una manualidad, un movimiento mecánico, en el mejor de los casos servirá para desarrollar la motricidad fina, pero en nada influye en el conocimiento. Entonces, ¿cuál es la diferencia con aquél niño que pega la monografía en su cuaderno y se dispone a crear un caleidoscopio? Es decir, no pierde el tiempo en estupideces repetidas hasta la nausea, ni mancha de lodo o de flores su charquito para dar la impresión de profundidad. No cambia palabras o invierte frases. En el mejor de los casos, en el supuesto que la información le sirva para construir un caleidoscopio aprenderá más de la experiencia y no perecerá en el intento de describir, sin plagiar, una pared morada. Y en ese absurdo se pierde el tiempo, y es el tiempo el límite de la existencia.

Si se desea transmitir una idea lo más exacta posible, es menester usar las palabras adecuadas. Para decir que uno va al baño no hay otras que “voy al baño” aunque se plagie al que se está lavando las manos y retocándose el peinado. Se puede argumentar que no hay plagio pues no se obtiene un beneficio, pero ¿qué beneficio puede ser mayor que liberar de su carga al esfínter?

Esto nos lleva a observar que tal vez las monografías y las enciclopedias son herramientas, y no es plagio sacar el gato del auto para cambiar una llanta, menos usar la llave de cruz para sacar los birlos, ni usar la licuadora y no el molcajete para moler la salsa, ni siquiera se quejan las cebras cuando pintan a los burros con rayas blancas, allá por la frontera norte, aunque no se descarta que algún asno rebuznará por allí aludiendo haber descubierto un plagio al verse pintado de cebra frente al espejo.

Entonces uno se comienza a repetir, no a plagiarse, así como es complicado comprar y venderse a si mismo pues tanto vendedor como cliente conocen lo imperfecto del producto, ya en la acción va implícito el otro. Sin embargo, ya paranoico y con la condena dictada, uno se para frente al espejo para asistir al careo forzoso entre plagiado y plagiador.

En esos momentos extraños uno intuye que el recuerdo secuestra a la mayoría de los instantes, manteniéndolos cautivos en la casa de seguridad llamada olvido. A su vez, los instantes son plagiarios expertos, la interpretación no les interesa, asumen su trabajo con humildad y es justo esta lejanía con el otro lo que les permite ser unos perfectos plagiarios anónimos, una máquina uniforme que ningún sistema puede detectar, se fugan como el líquido lo hace dentro de un colador, es por esta condición que se vuelve un ejército poderoso, su fuerte es pasar desapercibidos, ausentes de todo juicio de valor, no ignoran que cada hombre es la copia móvil de su cadáver.

En un caleidoscopio y en cualquier universo de lenguaje, los cristales de colores o las palabras, según el caso, forman imágenes distintas dentro de un límite o acotación, de manera cíclica y continua. Pérdida de tiempo es buscar plagios entre plagiarios, tal vez sea el cielo el único que logre plasmar su creatividad en el lienzo del horizonte.

El plagio es tan común, y la mayoría de las veces tan corriente, que no vale la pena pagar rescate por las palabras secuestradas.

(Texto publicado en www.palabrasmalditas.net)