martes, 19 de abril de 2011

Alcohol, Dios y música-escritura

Coloqué la botella sobre la mesa. Las comisuras de mis labios se alargaron. Quité el tapón. Di un trago. Pase la lengua acariciando los labios. El genio de la fatalidad comenzaba a formarse sobre el vaso con cubos de hielo. No había nada que reflexionar. El alcohol me había traído desgracias, también aventuras. Era difícil vivir sin una ni la otra. Me gustaba estallar en risas incontenibles, despertar en absurdos patéticos, escuchar historias cuyo protagonista era yo sin recordar. La ceremoniosa cotidianidad en donde las sensaciones se miden a medias, con el escudo listo y la lanza alerta, que el escudo a veces protege pero la lanza jamás ataca; esas armas no eran para mí, me entraba una cotidiana melancolía, un negruzco malestar perezoso, una sensación muy parecida a la tara de un chef iletrado frente a una batería nueva.

Siete años de abstinencia, habitando el martirio de cotidianas juntas al lado de otros llenos de temor. Temor a la locura, no a la muerte. Grupo de suicidas potenciales cuyo miedo es el dolor. Sin embargo, ese rellano tenía caminos sinuosos y alegres brechas, solo que no me atrevía a reír hasta el llanto, ni llorar hasta el absurdo.

Me agrada pensar en mi epitafio: “por fin se reconcilió con su cotidianidad: la muerte” ó “Disculpe usted que no me levante” (Grucho Marx).

Trataba de olvidar la absurda sucesión del tiempo, con artimañas de agujas nada ingeniosas alargaba las jornadas o suprimía fechas soñando historias, habitando ese mundo fantástico que cada día era más real y dócil. Recordaba rostros de mujeres que había olvidado, que no había tenido tiempo de recordar, mujeres que si volvieran a mirarme, lo menos que harían sería ignorarme.

Invadido por los días de convalecencia etílica, pues ya los días de crudas miserables estaban lejos, con el cuerpo tembloroso, sumido en un constante vértigo, el sudor fresco habitaba la parálisis y las historias: las mías y las soñadas por otros eran una; confesaba a esos rostros el motivo de mi adiós espontáneo, que pedía batalla o reconciliación, y terminaba por estallar en carcajadas. Un ebrio que pide batalla a los habitantes de un cementerio.

Me detuve un instante que se convirtió en segundos; sentí terror, el vértigo de lo cotidiano se apagaría, olvidaría a conveniencia las buenas maneras y saldría al firmamento con mi lanza punta de vacuidad en busca del último, ilusorio dragón; en busca de una princesa brincoteando sobre una pista con duela de madera, despojándose de sus vestiduras con el dolor de recordar su castillo; y yo sentado en una mesa frente a una botella ó ya tirado exigiendo una nueva pócima mágica, pues el dragón se diluye y la princesa ya no es mas que una mujer estúpida a mi lado.

Jamás llego al fondo del pozo de castigo, caigo lento, y en cada subida de balde me dejo ir en caída libre, en bajada, sobre el tablón de un permanente hastío que no acaba de destrozarme los huesos.

Y por supuesto, pues mi cuerpo sigue allí, sigo temeroso de ingerir la bebida. Mi cabeza se prepara para un nuevo hastío. Ningún cocodrilo intenta hacer más suave mi caída.

Es cierto que he perdido tiempo, comodidades y amistades como consecuencia de la beberecua, pero así, como reflejo de mi cuerpo bajo el agua, la contraparte tiene interés. He perdido lo que mi sobriedad se negaba a expulsar. He abandonado a la mujer que esperaba que me colocara un par de calcetines equívocos para cerrar su maleta y largarse de una vez. No he impulsado nada, he ahorrado días en el banco del desinterés; he abandonado los proyectos comunes donde la unión ya es sacrificio. La renta se vuelve desastrosa para el arrendador y el arrendatario, ambos inconformes. Nada mejor que tomar un café después del vómito matutino.

Las alas del fermento líquido no las destruye el sol, tal cual astro pareciera cernir nuestros días, lumbrera de esperanzas y anhelos recónditos. Antes cumple la misión de exaltar esos anhelos y en su imposibilidad, hacerlos posibles, con desastrosos resultados. Pero los resultados son producto de una ecuación, cualquiera que ésta sea, un complicado proceso que ya diluye la intuición en concepto y no hay otra forma de entender el concepto que no sea por medio de la intuición. Un trolebús es la ruta de la lógica; un rinoceronte metálico sobre un puente, acelerando en la bajada: el mismo camino. Quizá tenga que fugarse al vacío, extendiendo las alas etílicas, y apresar su cuerno, que es el freno de mano ante el vacío impreciso del asfalto. Y en ese intervalo intentar reflexionar, flexionar y flexionar el torso, esconder el cráneo entre las rodillas. Vidrios y destrozos, nostalgia de la prefigurada muerte que no llega en tanto las teclas se mueven armoniosas: incautas bailarinas del absurdo, cobijadas por tutus azules amarrados a estrechas cinturas de jóvenes virginales y ninfómanas.

No hay nostalgia de la muerte, nada hay escrito sobre ella, ella no existe mientras se vive, aun cuando su sombra ronde atrás de cada supuesta alegría, así como es supuesto el odio, la tristeza, la desolación.

Alcohol. Desesperación de aglutinar la nausea sobre otro dolor. Callar la cobardía en huecos de días inciertos; taladrando las sienes con un artefacto plateado, cartucho de diez tiros y seguro asegurado. Mango ergonómico para mayor comodidad. Punta de acero, pico de garza extinta. Hielo que acaricia mi lengua. Lengua que repta por las paredes secas de las palabras. Palabras que se adhieren a la humedad de la boca; se deslizan hasta llegar a los labios. Labios que atinan a disparar un “te amo” incierto. Lo incierto es real, después los puntos suspensivos...

Suspenso que nos lleva a un nuevo trago con la tatema en constante movimiento centrífugo, el mundo rotando: el universo y su mierda; los asteroides destruidos por un super-invisible-microchip. Un superarchisubinyectoartefacto metalinosovenereo. Patas arriba mea el antecanintrigoso animal: mamífero alimentado por ubre de vaca. Ubre de perra pecosa y gafas azul-firmamento. Negruzcas antagónicas, blancuras amistades. Puente que cruza el rinoceronte cartílago para enfocar el sueño distante (diletante) de inmortal putrefacto; emputecido. Emputado presiona las teclas de su frágil existencia. Acurrucado dentro de un sobre incrementa con su calidez el saldo de un número definido en su tarjeta: su líneadecrédito. Interfecto instante.

Entonces pide otra botella, se quita los zapatos y se muerde el dedo gordo del pie cubierto por el calcetín inadecuado, respon... sable de la fuga de la mujer amada. Una mujer que no ama sigue brincoteando sobre la duela. Preantesubterfugio del paraíso: propiedad de un Dios que espera su néctar de manzana al dibujarse la aurora.

La botella sobre la mesa. El vacío bebe de su cuello el líquido salestroso. Bajo la madera el hombre se atraganta con su vómito... Arriba, sobre la duela, el Dios de dioses baila can can con un moño verde atado a su talón.

El hombre ríe. Dios tiene la media rota, el hocico herido por devorar una pitaya y su puta madre (tan virginal) gira dentro de un horno con una manzana dentro del hocico.

El hombre desayuna lechón al horno, se dirige al estudio y distraído, mueve los dedos sobre el teclado de un ordenador. Interrumpe, de vez en cuando, la música-escritura para acabar de una vez con el líquido de la botella inconclusa. Los dedos bailoteando alrededor de una botella. El hombre agradece con aplausos el baile de la puta de mallas rotas. Ignora que Dios abre sus piernas sobre la duela de madera...

Puntos suspensivos.

Final.

1 comentario:

  1. Con el debido respeto al escritor:

    Veo un cliché de un beat-ismo generation con el mix de "Camarada Pink Barbie". Quizá no entendí como se a- bate uno sobre las palabras y el cólera sin sentido lo que sí le puedo decir que entendí fue lo de los puntos de suspenso (....).Ese arquetipo si lo ingiero como uno de los sico-trópicos recetados por la maestra de Primaria (Español)
    Tres simples cosas que también logre percibir una de ellas es el "Sujeto, Verbo y Complemento" Un campo de por cierto muchas acciones. Lo que aquí logro descifrar es un silogismo de inacciones. Como un código hacia la repulsión pero nada más ... Suerte con la escritura no se desanime no sienta estás palabras crudas y críticas.
    Mejor supérese como un "super-man samurai"

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